ORLANDO TAQUECHEL Especial/El Nuevo Herald
Ballet Etudes, la compañía que dirige Susana Prieto, presentó este fin de semana una Grand Ballet Gala en el teatro Jackie Gleason de Miami Beach con artistas invitados del New York City Ballet y el regreso a los escenarios de la primera bailarina Dagmar Moradillos, que celebra por estas fechas treinta años de carrera artística.
La gala abrió con Paquita, el famosísimo ballet sin argumento de Marius Petipa (en puesta en escena de la propia Susana Prieto) con música de Ludwig Minkus. Los solistas fueron Dagmar Moradillos y José Rodríguez con variaciones a cargo de Ashley Barrera, Giselle Hutchinson, Stephanie Kronick, Amnerie Lemoine y Jackie López.
El regreso a escena de Dagmar Moradillos provoca sentimientos mezclados. Usted puede desear seguir bailando por siempre, pero en algún momento tiene que encontrar una manera nueva de hacerlo y un nuevo repertorio que le permita utilizar toda la experiencia adquirida. Una pieza tan dependiente del virtuosismo técnico como Paquita no es la mejor selección para conseguir un regreso libre de ningún contratiempo.
Moradillos y Rodríguez no funcionaron como pareja, pero Moradillos consiguió reafirmar en sus solos que ella sabe muy bien cómo enriquecer una secuencia coreográfica con un rubato delicado y movimientos casi detenidos, dibujados al detalle. Sus balances mantienen la autoridad que le hemos admirado por años.
Aún cuando el sábado su baile se sintió por momentos con cierto sentido de lucha, Moradillos consiguió muchas pequeñas victorias técnicas y sus mejores instintos musicales parecen estar intactos. El problema es que Paquita no es el terreno apropiado para el despliegue de una total maestría interpretativa.
Otro elemento que afectó el efecto final de la reaparición de Moradillos fue el desafortunado acompañamiento de la Florida Classical Orchestra bajo la dirección de Alfredo Munar. En realidad, la orquesta le hizo tanto daño a Paquita como al tercer acto del Swan Lake que cerraría la función de ese día.
En la formación de una interpretación musical, un conductor tiene algunas responsabilidades muy específicas cuando acompaña a un espectáculo de danza. En esencia, la música no sólo debe sonar bien sino que debe seguir a los bailarines siempre.
Para ser justos, hay que decir que no es siempre fácil establecer si un conductor es bueno o malo, pero ''asesinar la buena música'' es también algo bien difícil y Minkus, Tchaikovsky y Hertel sonaron verdaderamente mal este sábado.
Después de Paquita y antes del primer intermedio, Ashley Bouder y Charles Askegard, estrellas invitadas del New York City Ballet, conquistarían al público de Miami con un Chaikovsky Pas de Deux absolutamente conseguido. Ellos interpretan esta pieza de Balanchine como un ejercicio de alegría libertaria.
Ambos ofrecen un brillante trabajo de pareja hasta terminar de manera espectacular cuando Bouder se zambulle en los brazos de su compañero ante un auditorio en plena suspensión del ejercicio de los sentidos. Ellos serían premiados con la primera gran ovación de la noche.
La segunda gran demostración de aprobación la recibirían un poco más tarde todos los participantes en La Fille Mal Gardée, en versión coreográfica de Rodolfo Rodríguez, a partir de Dauberval.
Ballet Etudes parece tener la política de asignar papeles a los bailarines sin prestar mucha atención a los parámetros de apariencia física que rigen al ballet clásico. La verdad es que cuesta un poco de trabajo superar el fuerte impacto que provoca ver todos los tipos de figuras humanas en el elenco de Paquita o Swan Lake pero hay que reconocer que este método (más propio del teatro musical que del ballet) funciona a las mil maravillas en el caso de La Fille Mal Gardée. Jessica Lemoine es encantadora como Lise, inocente y mañosa al mismo tiempo. Ella es una intérprete de recursos inagotables como comediante y como bailarina. José Rodríguez (Colin) actúa con desenfado y baila con precisión. Odemar Ocasio es perfecto como el torpe Alain y Frankie Kein es una Mme. Simone delirante. El resto del elenco es igualmente efectivo.
Al final de la noche, un fallido tercer acto de Swan Lake no consiguió hacer borrar los momentos disfrutables de un programa que sirvió para celebrar el regreso a escena de Moradillos, admirar el trabajo de pareja de Bouder y Askegard y disfutar de una divertida Fille Mal Gardée.• |